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LA ESPERANZA: No Está Pérdida, Anda Extraviada


Por EDWIN DORIA

La esperanza nunca se pierde, aunque tarde una o muchas existencias, y se haga esperar, ella vendrá algún día, con su verde vestido, para cumplir con los deseos más insospechables, no importa cuál sea, pero siempre en positivo, sin distingo de clases, religión, raza o condición económica y social, ella atenderá tu llamado, así sea, para decirte: “No pierdas la esperanza”.

Me trajeron en un portal divino, con la esperanza de retenerla en urna de cristal, cultivarla y comprender su juego ilusionista, conocido por muchas culturas, en diversos universos, distantes el uno del otro, a cantidades años luz, que las matemáticas aún no han creado un sistema numérico para contabilizar una cifra exacta de esa magnitud. Aunque no está presente, sabemos que con el tiempo viajara del futuro para hacernos realidad los sueños del ayer.

Con tremendo encarguito regresé a este mundo desesperanzado. Conocer de su existencia, dialogar sobre su generosidad sin límites, sin esperar nada a cambio, ella no espera, ella nos hace esperar, a veces, desespera, por sus múltiples ocupaciones en el pluriuniverso, que pareciese que no llegaría, pero a la final, así pasen siglos, te concede, algún mínimo deseo, en el lugar donde te encuentres, como le sucedió a mi difunta abuela, esperó, esperó y esperó durante varias vidas, guardando la esperanza de ganarse, algún día, la lotería, lograr sus sueños, el deseo de dejarnos un mundo mejor. No obstante, murió con la esperanza de alcanzar en el futuro su último deseo, descansar en paz.

Los griegos pensaban que la Esperanza era hija de la Noche y madre de la Fama. Para los egipcios, la esperanza era la Diosa Elpis, la última oportunidad. En las Escrituras se habla con frecuencia de la esperanza como la espera anhelosa de la vida eterna por medio de la fe en Jesucristo. De hecho, la iglesia católica consagró el dieciocho de diciembre, como homenaje a la virgen de la Esperanza. Para los pueblos indígenas el sentido de la esperanza está estrechamente ligado a la defensa y preservación de la vida, la lucha emancipadora por sus derechos al territorio y a la autodeterminación, para enfrentar la injusticia cultural y la injusticia distributiva a las que han sido sometidos por siglos.

En este mismo sentido, Aristóteles consideraba que la esperanza es el sueño de los despiertos. Para Nietzsche, la esperanza es, en verdad, el peor de los males, porque prolonga la tortura de las personas. Y desde la educación, Paulo Freire, en la pedagogía de la esperanza, se refiere a esta, como una necesidad ontológica, lo que nos mueve, lo que nos marca una dirección. Y desde la psicología, la catedrática Barbara Fredrickson, sostiene que la esperanza surge cuando se avecina una crisis, abriéndonos paso a nuevas posibilidades creativas.

La esperanza es siempre un estado de ánimo optimista. Es la confianza de lograr algo, que se materialice ese deseo, que un cambio positivo es posible. Ese deseo nos brinda la posibilidad de trabajar de manera voluntaria por conseguir el propósito que nos hemos trazado. Es cierto que hay esperanzas cumplidas, no obstante, quedan muchas otras por cumplirse. Es más, morimos sin lograr muchas de ellas, pero también tenemos la esperanza, al morir, de alcanzar a quienes nos antecedieron en la partida y encontrarnos en el misterioso laberinto del más allá. Igualmente, la esperanza de lograr que en otra vida alcancemos sueños que no materializamos durante la actual existencia.

Si piensas que todo está perdido, enfrentas una situación bastante complicada y las posibilidades para superarla son bastante remotas, es decir, se trata de la confianza que depositamos en que ocurra aquello que queremos. De esta forma, cuando perdemos la esperanza, de algún modo, comenzamos a creer que nada de lo que deseábamos va a ocurrir. O mejor dicho, abandonamos toda certeza de que aquello que podía hacernos felices tendrá lugar

Recuerda que mientras exista vida, hay esperanzas. Es el único bien común a todos los seres humanos. Nos brinda una oportunidad de cambio, de mejora, de curación y sanación. Cambiar y mejorar para ser más íntegros, más felices; curarnos de nuestras dolencias, y sanarnos al crear un espacio interior de paz y armonía
Esperanza, es una palabra enamoradora, femenina, evocadora de sueños y utopías, la invocamos instintivamente, no es tangible, ningún ser viviente podría borrarla de su memoria y la memoria de los pueblos, la gente, para no olvidarla, la ha inscrito con letras de oro, también la han escrito con sangre, como testimonio, que se ha luchado, exponiendo la vida con la esperanza de transformar el estado de cosas. Diosas, personas, calles, negocios, barrios, lomas, escuelas, haciendas, iglesias, edificios, libros, pinturas, llevan su nombre, para no olvidarla, en fin, una diversidad de lugares, personas e instituciones las han bautizado con el nombre de Esperanza.

Aunque no hay porque cultivar falsas esperanzas, las próximas generaciones continuarán cultivando este legado que viene de la palabra esperar, del latín sperare (tener esperanza) y esta de spes, esperanza. Aún cuando, el que espera se desespera, existe la posibilidad que cuando esperas a alguien o alguna cosa, uno tiene la esperanza, que lo que espera, va a venir, pero, si pierdes la esperanza, te vas, y no la esperas más.

Finalmente, es importante, para salvar nuestras vidas, es tener la esperanza, que el día de tu suerte, algún día cambiará, y recuerda tu ayuda es la única esperanza que me queda. No me falles.